Problemas auditivos: Cómo reconocerlos

Identificar y atender oportunamente los problemas auditivos es primordial, pues de ello dependerá el desarrollo integral del niño, tanto en su vida cotidiana como en su entorno escolar. La Revista de la Asociación Médica Estadounidense publicó estudios científicos que comprobaron que solamente el 11% de los padres fueron capaces de reconocer que sus hijos tenían problemas de audición o con el procesamiento auditivo.

Ya a partir de los tres meses de gestación, en el vientre materno, el bebé tiene su aparato auditivo desarrollado y es capaz de percibir sonidos, amortiguados, eso sí, por el líquido amniótico y los tejidos de la madre; por tanto esos gestos amorosos de hablarle a su bebé por parte de los padres, sí pueden ser percibidos por ellos, así como ruidos muy fuertes o la apacible música que se coloque en el ambiente.

Llegado al mundo, los padres deben asegurarse de que a su bebé le practiquen una prueba auditiva para estar seguros de que todo está bien y de no hacérsela en esos primeros días, no debe pasar del mes de nacido hasta tener esta comprobación médica.

Sin embargo, la atención a las patologías auditivas, no debe terminar al tener la prueba médica de nacimiento de que el bebé no padece de hipoacusia, ya que en algunos casos los problemas se manifiestan a medida que transcurre el tiempo, como un trastorno progresivo, que puede ser el resultado de lesiones por enfermedades o ser una sordera unilateral (solo en uno de los oídos), la que puede pasar desapercibida en los primeros años y manifestarse en forma más contundente al entrar en la edad escolar.

Señales que todo va bien en el oído de tu hijo

Ya fuera del vientre materno, el bebé inaugura el sonido con su propio llanto y con las palabras de acogida de médicos y padres y comienza a percibir el mundo que le rodea a través de sus sentidos. Desde sus primeros días, reacciona a sonidos fuertes y sorpresivos o muestra su sorpresa ante ellos e incluso también voltea a ver en dirección a un ruido.

Desde los dos a los cuatro meses va mejorando su respuesta auditiva, y reconoce matices de sonidos con tonos e intensidades distintas. Identifica las voces de sus padres y  puede balbucear sonidos de consonantes como la M, S, P y algunas vocales, también estimulado por lo que escucha de los adultos que le rodean.

Entre cinco y seis meses ya puede realizar sonidos que se parecen a palabras conocidas y de ocho a nueve meses, empieza a entender el significado del “no”,  debe volver la cabeza hacia sonidos familiares y sentirse atraído por juguetes musicales, que a su vez lo ayudarán a desarrollar este sentido.

Cercano a su primer cumpleaños, comienza la fiesta de las palabras sencillas y ya los bebés pueden decir palabras simples como agua, pan, mamá, papá, aunque no sean del todo bien pronunciadas. Ese desarrollo del lenguaje es posible porque captan los sonidos y comienza a imitarlos a través del habla, con lo cual también atraen la atención de los mayores y obtiene objetos y la atención deseada. A partir del año y medio hacia los dos años, el niño debe expresarse con un vocabulario más variado, hacer frases de hasta dos palabras, mientras que a partir del tercero es capaz de tener un vocabulario de 500 palabras y componer frases más largas.

Pasado el primer año y en su primera etapa como escolar, los maestros también pueden alertar a los padres sobre la posibilidad de un déficit auditivo, si el niño tiene un lenguaje muy limitado, no presta atención, es retraído o más bien muy hiperactivo, espera a que otros niños realicen una actividad para luego hacerla él y no participa activamente en los juegos grupales.

A su vez, como la problemática de los pacientes que presentan hipoacusia unilateral (de un solo oído), puede pasar inadvertida, padres y maestros deben estar atentos a si el niño dirije solo un oído hacia la fuente sonora, tiene complicación para contestar si se le habla por la espalda, demuestra mayor cansancio al concluir sus clases, tiene dificultades para distinguir de dónde vienen ciertos sonidos y requiere combinar lo que escucha con la lectura labial, entre otros signos.

Causas y factores de riesgo de los problemas auditivos

El primer antecedente a tener en cuenta es la genética, ya que si en la familia hay problemas de sordera, es necesario hacer un seguimiento exhaustivo al bebé desde sus primeros días de nacido, a fin de descartar que se vaya a repetir este patrón, que podría derivar en una pérdida de audición congénita.

Las causas no genéticas incluyen enfermedades o traumas antes o durante el parto (hasta un 80 por ciento de la sordera congénita se origina en este período); infecciones durante el embarazo como citomegalovirus, rubéola y virus del herpes simple; nacimiento prematuro, diabetes materna, abuso de drogas o alcohol durante el embarazo.

La hipoacusia adquirida se puede desarrollar tanto en las primeras etapas de la vida del bebé, como en otro momento de su vida y en ocasiones puede ser permanente u ocasional, en este segundo caso como resultado de otitis que se resuelven médicamente. Eventos como un trauma grave en la cabeza, infecciones frecuentes en los oídos, tímpano perforado, infecciones y virus como meningitis, encefalitis, varicela y sarampión, exposición a ruidos fuertes durante mucho tiempo pueden derivarse en problemas serios de audición.

Los padres deben atender con prontitud situaciones como otitis externas, que no causa gran pérdida auditiva; otitis medias-agudas, que sí causan pérdida de audición y las llamadas otitis serosas, en las cuales hay moco dentro del oído del niño, que también puede conllevar pérdida de audición.

¿Qué hacer si tu hijo padece de hipoacusia?

Los trastornos auditivos suelen derivar en problemas de lenguaje, emocionales y educativos, por eso su tratamiento deberá abordarse integralmente. El pediatra o especialista ante cualquier señal de alarma o enfermedades que puedan comprometer la salud auditiva, mandará a realizar las pruebas necesarias para descartar o comprobar anomalías, y una vez con los resultados poder trazar un plan de acción.

La buena noticia es que hoy día existen tratamientos e instrumental que pueden ayudar a tu hijo a enfrentar con éxito la hipoacusia, tales como terapias de lenguaje y audición, audífonos y hasta una intervención quirúrgica llamada implante cochlear. Lo importante es que acudas cuanto antes a hacer una evaluación de tu hijo, si tienes dudas sobre el correcto funcionamiento de su audición.

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