¡Atención a los indicadores de desarrollo!

Por lo general, el hecho de que un niño o niña esté más o menos desarrollado que otros de su mismo sexo y edad no es una razón para alarmarse. Sin embargo, hay indicadores de desarrollo que sirven de guía para verificar si tu hijo tiene una apariencia muy diferente a la de sus amiguitos o no muestra las habilidades típicas de su edad; en estos casos es aconsejable que consultes al pediatra para descartar algún problema médico.

Hay algunas condiciones que pueden predisponer a un mayor riesgo de problemas de desarrollo, como el nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer o condiciones del entorno (como riesgos ambientales por contaminación); en este caso es probable que el pediatra quiera hacerle algunas pruebas adicionales.

Todas las personas involucradas en la crianza del niño (padres, abuelos, cuidadores, educadores) pueden participar en el monitoreo del desarrollo para ver si está alcanzando los indicadores al actuar, moverse, jugar, hablar y aprender.

Existen listas de verificación y hasta aplicaciones con las que puedes seguir mes a mes y luego año a año cómo evoluciona tu hijo en varios aspectos:

  • Desarrollo motor
  • Desarrollo de la inteligencia.
  • Desarrollo del lenguaje.
  • Desarrollo social.
  • Desarrollo emocional.

En las visitas de rutina el pediatra también hace un monitoreo del desarrollo; si hay un indicador que no se ha alcanzado puede ser una señal de alarma sobre un problema mayor que hay que atender y ameritará una prueba o examen más riguroso.

La curva de crecimiento

En cada consulta el pediatra tomará nota de la estatura, el peso, el perímetro cefálico (la medición de su cabecita por su parte más grande) y, a partir de los dos años, el índice de masa corporal (IMC); esta información se registra en una tabla que será parte de su historia clínica y servirá para ver la curva de crecimiento.

Estas medidas se comparan luego con el rango estándar (normal) para niños del mismo sexo y edad. La misma tabla se usará a medida que tu hijo vaya creciendo.

Las curvas de crecimiento se desarrollaron a partir de información obtenida midiendo y pesando a miles de niños; a partir de estas cifras, se estableció el peso y la estatura promedio nacional para cada edad y sexo. A estos valores se les llama percentil.

Muchos padres se preocupan cuando las medidas de su hijo son menores a las de la mayoría de los otros niños de la misma edad; sin embargo hay una amplia gama para lo que se considera “normal”.

Para que puedas entenderlo mejor, te doy algunos ejemplos de cómo funciona el percentil infantil:

Si tu hijo está en el percentil 10 de peso significa que el 90% de los niños pesan más que él, es decir, está por debajo de la media. Por el contrario, si está en el percentil 90 de peso, significa que está muy por encima de la media: solo el 10% de los niños tienen ese peso.

Funciona igual con respecto a la altura: si tu hijo se encuentra en el percentil 90 quiere decir que sólo 10 niños de cada 100 miden más que tu hijo, o sea que a esa edad es más alto que la media. Por el contrario, si está en el percentil 10 de altura, significa que está por debajo de la altura media.

¿Cuándo hay motivos para preocuparse?

  • Cuando una de las medidas de tu hijo se mantiene por debajo del percentil 10 o por encima del percentil 90 para su edad.
  • Si la cabeza está creciendo muy lentamente o demasiado rápido cuando la medición se ha hecho durante un tiempo.

El crecimiento anormal en las curvas de crecimiento es solo una señal de un posible problema, una mayor vigilancia será necesaria para determinar si se trata de un problema de salud que deba atenderse.

La CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) pone a disposición una app gratis llamada Sigamos el Desarrollo, está disponible para dispositivos Android como iOs, en inglés y español.

Guía rápida para todas las edades:

Más allá de los percentiles de talla y peso, hay otras señales a las que debes prestar atención para saber si tu hijo adquiere las habilidades que le corresponden según su edad.

A continuación te ofrezco una guía rápida -a manera de orientación- en las diferentes etapas; pero es importante que recuerdes que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y por lo tanto puede haber algunas variantes.

Recién nacido: Al principio solo se despierta para comer y llora en señal de que tiene hambre, sueño o que algo lo molesta. Mueve la cabeza, los brazos y las piernas y hace un movimiento de succión si le acercas algo a la boca. Según pasan los días, reacciona a la luz, enfoca la mirada, y sujeta lo que pongan en su manito.

Dos meses: Ya es capaz de seguir objetos con la mirada, mueve la cabeza hacia los sonidos, se chupa el dedo y emite algunos sonidos; además comienza a sonreír.

Cuatro meses: Imita algunos movimientos y gestos faciales, como sonreír o fruncir el ceño y llora de distintas formas para mostrar hambre, sueño o molestia. Ya controla mejor la cabeza y la gira cuando oye un sonido; también enfoca su atención cuando le hablan. Puede voltearse boca arriba y empujarse con los pies.

Seis meses: Ya tiene más conciencia de sí mismo y de los otros: le gusta mirarse en el espejo, se lleva cosas a la boca y puede que llore si lo toma en brazos algún desconocido. Además comienza a emitir sonidos con algunas vocales y reacciona cuando lo llamas por su nombre. Se da vuelta boca arriba y boca abajo, comienza a sentarse sin apoyo, a gatear y se mantiene de pie con ayuda.

Nueve meses: Tiene juguetes preferidos, señala con el dedo cuando quiere algo y ya entiende cuando le dicen NO. Imita gestos y sonidos, aplaude y grita cuando no le haces caso. Ya gatea, puede sentarse solo y pararse sosteniéndose en algo.

Un año: Cuando quiere algo lo reclama señalándolo, imita gestos, amplía su vocabulario, puede beber de un vaso, agarrar una cuchara con la mano, meter y sacar cosas dentro de un recipiente. Sigue instrucciones sencillas. Hala para ponerse de pie y camina apoyándose en los muebles.

Dos años: Dice frases de dos a cuatro palabras, como “Quiero agua”. Se sabe las partes del cuerpo y los nombres de las personas conocidas. También puede señalar objetos o ilustraciones cuando se les menciona y seguir instrucciones sencillas. Cada vez se muestra más independiente y desafiante. Comienza a jugar con otros niños.

Tres años: A esta edad empieza el colegio, por lo que adquiere muchas más habilidades, como dibujar figuras geométricas sencillas. Ya forma frases con varias palabras, espera su turno para jugar o para hablar y sigue las rutinas diarias. Puede trepar, subir y bajar las escaleras alternando los pies.

Cuatro años: Ya habla muy bien, con frases largas y responde a las preguntas que se le hacen. Nombra los colores y los números y comienza a escribir y a usar las tijeras. Empieza a entender el concepto del tiempo. Puede saltar y sostenerse en un pie, y agarrar una pelota que rebota, emplean su imaginación en los juegos y ayuda a otros niños.

A los 5 años: Es capaz de contar hasta 10, escribir algunas letras y números. Distingue la fantasía de la realidad y puede contar historias cortas. Usa los cubiertos, va al baño solo y es consciente de la diferencia de sexos. Puede brincar, avanzar dando saltos y columpiarse. Quiere complacer a los amigos y parecerse a ellos.

Mantente atenta al comportamiento de tu hijo en sus distintas etapas de crecimiento; recuerda que si bien la intervención temprana es extremadamente importante, la intervención a cualquier edad también puede ser muy útil para lograr que desarrolle todo su potencial.

¿Tienes alguna otra duda? Aquí estoy dispuesta a ayudarte en lo que requieras.

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