La importancia de jugar con papá

Jugar con papá ayuda a los niños a desarrollar su autoconfianza, afianzar sus destrezas motoras, aumentar su creatividad, entre otros beneficios. Por eso es tan importante que la figura paterna no sea solo la del “proveedor” o el que “pone disciplina”, si no que se entienda como una parte vital en el desarrollo integral del niño.

Si bien desde la concepción, la amorosa mamá es quien principalmente acoge el rol de protección del futuro hijo que viene en camino; pues son nueve meses en los que surge una íntima conexión de absoluta dependencia del niño hacia su progenitora, ya que a través de ella recibe todos los nutrientes que necesita para crecer en el vientre. No por eso es menos importante la “labor” del padre durante esa etapa previa al nacimiento.

El padre también es fundamental en ese proceso de crecimiento del bebé dentro de la madre y luego de su nacimiento. La voz y caricias al vientre materno, acompañan esa primera etapa, además de los sentimientos amorosos. De hecho, los pequeños recién llegados al mundo, pueden reconocer a sus progenitores solo por su voz, sobre todo si ese lazo se ha establecido firmemente durante el embarazo.

Y aunque tradicionalmente en muchas familias se continúe viendo al padre solo como proveedor y distante del hecho afectivo, hoy día los roles de papá y mamá han cambiado, con la firme incorporación de la mujer al mundo laboral. El concepto ya no es que “papá ayude”, sino que ejerza su paternidad, lo que incluye las tareas cotidianas.

Jugar: una diversión muy seria

Diversos estudios han demostrado el valor del juego en el proceso de aprendizaje y desarrollo de habilidades y de afianzamiento del vínculo familiar. Lamentablemente, al menos la mitad de las familias, según diversos estudios, no dedican casi tiempo lúdico con sus niños y esta brecha se amplía en los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

A esto se suma que, así como la madre es quien tradicionalmente asume el papel de la crianza, también es la que más juega con sus niños, perdiendo el padre y los hijos una valiosa oportunidad de conocerse más e incorporar otras vivencias ligadas al rol paterno.

Durante los primeros años de vida, de 0 a 3 años, el cerebro del niño se desarrolla a una velocidad asombrosa, estableciendo redes de conexiones neuronales, que pueden ser estimuladas con actividades recreativas realizadas con sus progenitores. Desde ese momento y hacia la edad preescolar y escolar, el juego es vital en su desarrollo y puede incluir también la lectura de cuentos infantiles, canciones y manualidades caseras, con las que ganarán vocabulario, confianza en sí mismos, destrezas motoras, desarrollo cognitivo, comunicación con los otros, entre muchas habilidades.

Pero, ¿cuál es la diferencia de jugar con papá?

Un sano rol masculino es esencial en la conformación de la personalidad de niños y niñas. La actividad de jugar es divertida y en ella la relación se estrecha, se hace menos distante y ganan comunicación padres e hijos. El hombre actual ya no es la figura distante que no se ríe, no llora o no debe realizar actividades hogareñas, antaño consagradas a la mujer; al contrario, está llamado a mostrar sus sentimientos, atender a la crianza de sus hijos, jugar con ellos.

De lo contrario, señalan los expertos, se puede desarrollar el “síndrome del padre ausente”, el cual consiste en percibir al padre como emocionalmente distante, lo que puede derivar en problemas con la autoridad, menos capacidad de lograr metas, así como permitir conductas abusivas de otros. Igualmente, el psiquiatra americano K. D. Pruett demuestra, fundamentándose en una extensa base estadística, en su libro “El rol del padre, la función irreemplazable”, que los hombres comprometidos con su función paternal tienen hijos más armónicos, dinámicos y productivos.

Según diversos estudios, el niño cuyo padre se ha mostrado emocional y físicamente accesible, para lo cual una oportunidad única es el juego, y ha estado presente y activo en su rol, evidencia mayor tolerancia a eventos estresantes, muestra mayor adecuación al mundo que les rodea y posee una autoestima y confianza en sí mismo más desarrollada.

A su vez, en el ámbito del juego, es importante la presencia del padre, quien suele apoyar conductas exploratorias y novedosas, lo que incentiva la resolución de problemas, desarrolla la curiosidad por su entorno físico y mejora la capacidad de adaptación del infante e incluso el desarrollo del lenguaje en el niño más pequeño, ya que a diferencia de muchas madres, que se vuelven “adivinas” de las necesidades de los niños, la participación del progenitor es diferente y suele promover que el niño haga un esfuerzo verbal para comunicarse.  

Aunque a veces se tacha a los papás de bruscos y descuidados con los niños y pueden saltarse ciertas normas como que los hijos se acuesten más temprano, coman solo ciertas cosas o que estimulen a que los pequeños se arriesguen a realizar algunas tareas o actividades más difíciles por ejemplo al aire libre, es justo esa actitud, en su justa medida, la que puede contribuir a la independencia y fortaleza emocional, en equilibrio perfecto con la protección y cobijo que brindan las madres.

Tanto niños como niñas, pueden encontrar en su padre, un compañero muy activo de juegos, que incluya el desarrollo de competencias físicas, lo que es también muy importante para el crecimiento integral de la personalidad.

¡Así que papis a jugar con sus hijos!

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