Monodieta: Mi hijo siempre quiere comer lo mismo. ¿Qué hago?

Preferir siempre una clase de alimentos es algo que muchos niños hacen en sus primeros años de vida. Esta “monodieta” no debería ser motivo de alarma si el pequeño no presenta problemas de talla y peso; pero deben tomarse medidas para que el niño incorpore a su dieta toda la gama de nutrientes.

La pasión por apropiarse de nuevas sensaciones gustativas, es algo que progresa con el tiempo; sin embargo, es un proceso que puede comenzar desde el vientre materno, cuando los sabores de lo que la madre consume pasan al líquido amniótico y de ahí al feto, ya que, a partir del segundo trimestre de embarazo, se inicia el desarrollo de las papilas gustativas.

Este dato es muy importante para quienes estén interesadas en concebir un bebé. Asegúrense de llevar de una alimentación bien variada, si no quieren pasar por el estrés luego de que su bebé deje la lactancia y rechace la mayoría de los alimentos.

Pero si ya su bebé llegó al mundo y pasó el año y medio de vida y entra justo en esa categoría de lo que se denomina como comedor selectivo, que solo acepta un solo tipo de alimentos por semanas y a veces hasta por períodos más largos, con muy poca alternancia, es hora de tomar algunas medidas, pero sin desesperación, sobre todo si el niño no presenta problemas de talla, peso y energía en sus actividades cotidianas.

La ansiedad es mala consejera para manejar el paso de la lactancia materna a una dieta complementaria, ya que por una parte esa selectividad es una conducta que suele ir desapareciendo después de los cinco años, si los padres ofrecen a su hijo variedad en la oferta alimentaria y por otra, la preocupación extrema suele llevar a una rutina de premios y castigos que puede empeorar la situación.

¿Qué no debe hacer? Si quiere sacar a su hijo de la monodieta…

– Pretender que su niño coma lo que usted no consume. Si quiere que el pequeño salga de una monodieta de papas fritas con pollo blanco, sin trazas de ningún vegetal, sea usted el primer ejemplo de una ingesta variada. Si el niño habitualmente solo ve pizza en su hogar y no verduras y frutas, esa será siempre su primera opción.

– Desistir rápidamente de ofrecer nuevos platos y alimentos, ante el rechazo inicial y por temor a que el niño no coma suficiente, ofrecerle lo de siempre o simplemente golosinas.

– Dar premios y castigos: el acto de comer debe ser voluntario ya que incluso responde al instinto de sobrevivencia. Pretender resolver alguna resistencia con este tipo de actitudes puede generar un círculo vicioso y volverse en contra de una buena alimentación, ya que por lo general los “premios” suelen ser golosinas, con lo que se estaría reforzando el gusto por cierto tipo de alimentos no precisamente sanos. El castigo representa a su vez un acto violento que no debe estar presente.

– No hable con terceros, delante del niño, sobre que su hijo no come esto o aquello; eso reforzará lo que quiere cambiar.

– Durante la comida, no permita que la televisión o el teléfono móvil forme parte del menú, esto lo distraerá.

– El hambre es el mejor inductor para que su niño coma. Consulte a su pediatra si puede darle vitaminas para estimular el apetito y a su vez, evite golosinas y gaseosas entre comidas  que solo aportan calorías vacías y azúcares en exceso.

¿Qué sí debe hacer?

– Comience a colocar un poco del nuevo alimento junto a otro que ya consuma su hijo; si lo rechaza, no se desanime, a veces hay que reintroducirlos entre 10 a 15 veces para que el niño lo acepte.

– Permita, sobre todo si se trata de un niño pequeño, que juegue, pruebe, toque el nuevo alimento, para que se familiarice con él.

– Haga a su hijo partícipe de la compra de los alimentos, llévelo al supermercado y deje que escoja las frutas que más le gusten, frutos secos, verduras. Pídale que lo ayude a escogerlas y las vaya colocando en sus bolsas.

– Aparte un tiempo especial para darle de comer, sobre todo en esa etapa donde está aprendiendo a saborear nuevas cosas; un niño pequeño puede requerir hasta 40 minutos para terminar su plato de comida. Si usted está tenso y preocupado por terminar rápido, eso no le ayudará en su cometido.

– Desde muy pequeños, los niños pueden comenzar a colaborar en la preparación de la comida, una opción que para los expertos siempre da buenos frutos en aquellos inapetentes o comedores selectivos. Seguro existen programas en su ciudad para preparar a futuros chefs, en cursos cortos, en los que ellos aprenden a realizar comidas sencillas. También existen libros de cocina especiales para ellos, cómprelos y realice en familia alguna receta que él escoja; de seguro tendrá más disposición a comer lo que preparó. Existen estudios que aseguran que los niños que ayudan a sus padres a cocinar consumen un 76% más de verduras y hortalizas, por elección propia, que aquellos que no se involucran en tal actividad.

– Si posee un balcón o espacio para plantar o incluso hay un vivero cercano a su casa, permita que sus hijos experimenten la alegría del crecimiento de semillas, frutas o verduras; esa vivencia fortalece un vínculo beneficioso con alimentos que se convertirán, de seguro, en parte de sus platos favoritos.

– Sea creativo, tanto en la presentación como en el nombre de sus platos, busque que sean divertidos, que se parezcan a animales o a sus personajes favoritos y que pasen a llamarse de  simples guisantes, a “huevitos verdes de dragón”, por ejemplo. A ellos les gusta la novedad y sobre todo, el juego.  

– Explíquele las virtudes de lo que va a consumir, que lo hará más fuerte para jugar con sus amigos; que con ello, no se enfermará y se sentirá más feliz. Los niños escuchan e incorporan esa información poco a poco.

– Incorpore a los abuelos y a otros adultos con quienes deje a su hijo y a la escuela, si su hijo va al comedor escolar, en este tarea; no hace nada si lo reeduca en casa pero al llegar a otros lugares solo le dan donuts como alimento.  

La clave más importante es la paciencia y la conciencia de que se trata de un proceso. Si su niño tiene 5 o más años comiendo prácticamente lo mismo, no desterrará este comportamiento en solo unos días. ¡Crear un nuevo hábito es cuestión de perseverancia!

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