Mi hijo se frustra fácilmente, ¿qué hago?

No le dieron el juguete que pedía, o el dulce que quería comer, un amiguito lo rechazó, está cansado… son innumerables los motivos por los que un niño puede enfrentarse a ese desagradable sentimiento que es la frustración y que puede exteriorizarse de muchas maneras y en distintas emociones como decepción, impotencia, ira, tristeza o desilusión.

Es sumamente importante enseñar a tu hijo a tolerar la frustración. Que “logren ver” que siempre hay otras opciones. Tener un pensamiento “flexible” le servirá durante su desarrollo y en la vida adulta para afrontar de una forma más positiva las situaciones adversas que se le presenten. Se trata de una actitud y como tal, puede trabajarse y desarrollarse desde temprana edad.

Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones, a pesar de las molestias o incomodidades que estas puedan causarnos. Es importante que desde pequeño entienda que no siempre se consigue lo que se quiere. Que ese deseo o necesidad no satisfecha en un momento determinado no es el “fin del mundo”.

Sin embargo, hay que saber distinguir cuándo se trata de una respuesta normal de un niño que no consigue su objetivo o si realmente tiene problemas para tolerar la frustración: Si se desanima o muestra malestar pero no tiene una reacción desproporcionada, no hay de qué preocuparse. A lo que no debe acostumbrarse es a las pataletas, a los gritos, insultar, pegar o cualquier otra respuesta agresiva.

Los niños con baja tolerancia a la frustración suelen ser más impulsivos e impacientes y son más susceptibles de sufrir de angustia o depresión ante las dificultades o conflictos que se le presenten.

Algunas estrategias pueden ser de mucha utilidad para ayudarle a enfrentar los sentimientos adversos de manera positiva:

Expresión: Enséñale a tu hijo que está bien llorar o reír cuando se está triste o alegre; expresar lo que sienten es el primer paso para sentirse mejor. Todas las emociones que un niño experimenta son válidas y lo ayudan a formar su carácter.

Relajación: Invítalo a alejarse del escenario que lo perturba, de manera que pueda pensar y volver a la calma. Una forma de reorientar los sentimientos de frustración, ira o miedo es a través de la respiración: enséñale a tomar aire y soltarlo con lentitud, expulsando los sentimientos negativos con cada exhalación.

Desahogo: Usualmente los niños que se molestan entre ellos sienten el deseo de golpear; esta es una reacción instintiva del ser humano cuando se ve amenazado. Cuando lo notes en esa emoción, invítalo a que “suelte” esa sensación en un objeto suave como una almohada, un cojín o peluche, seguramente lo ayudará a liberarse.

Refuerzo: Es importante elogiarlo con frases concretas cuando retarde su respuesta habitual de ira ante la frustración y cuando utilice una estrategia adecuada para manejarla. Por ejemplo: “Te felicito porque no mordiste a fulanito cuando no te dio el juguete”.

¿Por qué se frustra?

El sentimiento de frustración puede presentarse en cualquiera de las etapas del desarrollo. Las expectativas no cumplidas, una baja autoestima, los celos, el rechazo, la competitividad, el perfeccionismo y el estrés pueden causar frustración en los niños.

Aunque parezca contradictorio, la sobreprotección también puede causar intolerancia a la frustración, pues un niño al que se le da todo lo que pide o necesita sin que implique un esfuerzo de su parte se sentirá profundamente insatisfecho cuando no consiga lo que quiere. Es por ello que debes confiar en las capacidades de tu hijo y bajar la presión de querer tener constantemente las riendas de cada acción que él haga. Confía en sus capacidades para sobreponerse y para encontrar una salida por sí mismo.

Es vital que cada padre procure fortalecer la individualidad de su hijo, guiándole a asumir retos y nuevas experiencias, felicitándolo en sus logros y apoyándolo para alcanzar metas que incluso pueda generarle cierto temor. La perseverancia, la determinación y la destreza para resolver conflictos se adquieren, precisamente, cuando se enfrentan, cuando hay retos y consiguen “conquistarlos”.

Recordemos que todo al inicio da miedo, por lo tanto, en cada uno de esos pequeños pasos, papá y mamá deben estar presentes para guiarle y acompañarle, pero no para “evitarle malos ratos”.

La sobreprotección es una de las principales causas de que un niño tenga una baja tolerancia a la frustración. Es la otra cara de la moneda de la desatención.

Claves para controlar la frustración

  • Tu hijo no necesita que les des todas las soluciones, sino que les ayudes a descubrirlas. Confía en sus capacidades para encontrar una salida por sí mismo y sobreponerse a la adversidad.
  • Es indispensable fijar objetivos realistas y razonables, adecuados a la edad y madurez del niño, de esta forma tendrá más tolerancia a la frustración. Si los objetivos no son adecuados a su edad, no podrá afrontarlos y aumentará su malestar.
  • Enséñale que todo se consigue con esfuerzo y perseverancia, y que debe esmerarse en hacer bien las cosas. Si aprende que siendo constante puede solucionar muchos de sus problemas, sabrá controlar mejor la frustración.
  • Las situaciones complicadas son una buena oportunidad para que aprenda cosas nuevas, las recuerde y pueda hacerles frente cuando vuelvan a suceder.  De esta manera la frustración se transforma en aprendizaje.
  • Hazles notar que cada vez que toman una decisión, suceden cosas alrededor y hay que aceptarlas, incluso cuando no son agradables. Esto ayudará a que, en el futuro, piensen mejor qué es lo que realmente quieren y es más conveniente para ellos.
  • Si expresa su frustración con una pataleta u otro comportamiento inadecuado debes ignorarlo, de lo contrario aprenderá que esta es la forma más rápida y efectiva de resolver sus conflictos.  
  • Evita que vea los fracasos como algo negativo; explícale que en la vida se encontrará con momentos de éxito y otros de fracaso y que lo importante es darnos cuenta en qué nos equivocamos y cómo solucionarlo para que no vuelva a ocurrir.
  • Da el ejemplo: Esta es la frase infaltable en casi todas las listas sobre crianza y educación. Se dice facilísimo, pero, ya sé, no todas las veces es posible lograrlo. Lo importante es tener la disposición a “volver al carril” cada vez que nos desviemos… Unos padres que saben afrontar las adversidades con una actitud positiva son el mejor modelo a seguir. Los valores, la asertividad y la resiliencia son las claves para que tus hijos sean mejores personas y crezcan felices.
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