La importancia de educar con disciplina

Enseñar a los hijos a comportarse correctamente es una labor que requiere de mucha paciencia y constancia. La disciplina es el proceso de enseñarle a tu hijo qué comportamientos son aceptables y cuáles no lo son; que hay reglas que debe seguir y que, de no hacerlo, habrá consecuencias.

A veces el mal comportamiento es una forma de llamar la atención, por eso es importante saber cómo tienes que reaccionar para no fomentar este hábito. Escucharlos y saber qué ocasiona su malestar y su comportamiento -si es una necesidad real o algo que tu hijo no entiende o no sabe cómo manejar- es el primer paso para reorientar su conducta de manera positiva.

Los castigos pueden ser una herramienta de uso ocasional, siempre que no impliquen violencia física o verbal. La disciplina efectiva se logra a través del modelaje, el refuerzo positivo y el amor y apoyo de los padres y la familia.

El tono de voz es importante

Cuando tengas que llamarle la atención a tu hijo trata de ser firme pero sin agresividad, no uses un tono de voz severo ni le grites, porque los gritos pueden generarle miedo y resentimiento y alejarlo de tu objetivo principal, que es educarlo. Si te sientes airado es mejor tomarte unos minutos para calmarte antes de hablar con él.

Recuerda que disciplina es sinónimo de buen comportamiento; si le gritas, lo insultas o le hablas mal le estarás dando un pésimo ejemplo. Además, los niños se cierran emocionalmente cuando se sienten agredidos, adoptando una actitud de resistencia y poca colaboración.

La mejor forma de disciplinar a tu hijo es creando empatía, a la hora de reprenderlo usa un tono de voz que demuestre firmeza pero también comprensión y afecto; que entienda que lo amas pero que está actuando mal y debe cambiar su comportamiento.

La delgada línea entre permisividad y límites

Los padres que se vuelven demasiado permisivos con sus hijos para protegerlos de emociones o experiencias negativas no están contribuyendo a su desarrollo integral. Crecer sin una estructura con normas y límites bien definidos puede traerle dificultades para manejarse en su vida adulta. Es importante que un niño sepa qué se espera de él, porque más adelante será la sociedad la que imponga las reglas.

El modelaje es fundamental durante el desarrollo de la personalidad; los niños aprenden observando la conducta -y sus consecuencias- de sus padres y de las personas que están a su alrededor. De esta forma pueden aprender habilidades, actitudes, formas de proceder y hasta de razonar. Con tu comportamiento le estás enseñando a tu hijo a hacer lo mismo.

Tips para cada etapa:

Bebés (hasta los 3 años).

  • El buen ejemplo es tu mejor herramienta ya que el aprendizaje en los bebés se da principalmente por la observación.
  • El tono y las palabras que usas también son importantes; emplea un lenguaje positivo y evita usar el ”NO” a menos que se trate de un asunto de seguridad; por ejemplo: “es hora de dormir” en lugar de “no es hora de jugar”.
  • Saca de su alcance objetos peligrosos o “prohibidos” que puedan despertar su curiosidad y ocasionarte problemas.

De 3 a 5 años:

  • En esta etapa ya distinguen con más claridad lo que está permitido y lo que no, pero siempre te pondrán a prueba; por eso es muy importante que te mantengas firme cuando lo reprendas y lo elogies cuando se porta como esperas.
  • Comienza a asignarle tareas sencillas y acordes a su edad, como recoger sus juguetes al finalizar el juego.
  • Enséñale a relacionarse con los otros niños sin golpear, morder o practicar otros comportamientos agresivos.

De 6 a 12 años.

  • Es tiempo de enseñarle a tener responsabilidades y los privilegios o recompensas que trae el buen comportamiento.
  • Ante un dilema, hablen de las opciones que tiene -buenas y malas- y las posibles consecuencias de su decisión.
  • Refuerza su conducta social, subrayando la importancia de tratar con educación y respeto a las otras personas.

De 13 a 18 años.

  • En esta etapa tan difícil es importante que tu hijo sepa que lo amas y lo apoyas, pero también lo que esperas de él estableciendo límites y reglas claras.
  • Trata de conocer a sus amigos y háblale de la responsabilidad en las relaciones.
  • El consumo de alcohol, tabaco, cigarrillos electrónicos y otras sustancias es un tópico que deben tratar.

A pesar de las diferentes etapas de desarrollo, hay recursos que son válidos para todas las edades:

  • Da el ejemplo: pon en práctica aquellos hábitos que quieres que tu hijo aprenda y evita las conductas que no deseas que repita (como decir malas palabras). Explícale porqué es bueno o malo hacer ciertas cosas.
  • Sé coherente: establece reglas claras a ser cumplidas por todos los involucrados en la crianza y cuidado de tu hijo para que no reciba señales contradictorias.
  • Pon límites y habla de las consecuencias: con un tono calmado pero firme debes decirle lo que debe o no hacer y qué consecuencias habrá si no cumple las reglas.
  • No cedas a los berrinches y protestas, si vas a aplicar un correctivo cumple lo prometido o tu hijo no se tomará las cosas en serio y todo será en vano.
  • Prepáralo con anticipación a situaciones nuevas o estresantes; cuéntale qué van a hacer y cómo esperas que se comporte.
  • Enséñale a verbalizar sus emociones y a calmarse cuando está molesto o frustrado. 
  • Refuerza el comportamiento positivo con palabras de aliento y por el contrario, ignóralo cuando se trate de una pataleta sin sentido, los niños buscan siempre atención y aceptación.
  • Evita a toda costa los castigos fuertes físicos o verbales; no lo golpees, grites, insultes ni avergüences, ya que pueden afectar negativamente su salud y su desarrollo físico y emocional.
  • Si tiene un capricho y hace un berrinche, intenta desviar su atención hacia otra cosa: un juguete o una conversación sobre algo que le guste, por ejemplo.
  • No ignores su mal comportamiento cuando pueda ser peligroso para él y para otros; y explícale por qué no debe hacer eso.

El tiempo fuera o pausa obligada puede ser eficaz cuando se ha incumplido una regla. Dile a tu hijo qué ha hecho mal y apártalo de la situación por un tiempo acordado (un minuto por año de edad es una buena medida). Esta táctica funciona muy bien con niños de 2 a 5 años, aunque puede aplicarse también en niños mayores con algunos cambios, por ejemplo: pausa de televisión o teléfono móvil.

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