Hablemos sobre las emociones

Una de las cosas que considero de suma importancia es el manejo de las emociones. Aprender a reconocer cada una y saber canalizarlas. Tanto para los padres, como para educadores y niños, hablar sobre los sentimientos debería ser primordial.

Opino que la mayoría de los niños presentan una conducta cuyo origen está determinado por una emoción, por ejemplo: algo les parece muy difícil y se enojan en vez de hablarlo. Es así, pues la raíz del comportamiento humano está fundamentado en tres bases: Emoción – pensamiento – acción, y de ahí la interacción con el mundo que nos rodea.

Con nosotros los adultos suele ocurrir lo mismo. Muy pocas veces hablamos, soltamos y liberamos. Cuando nos preguntan, ¿cómo estás? Pocas veces decimos la verdad, no es fácil soltar una frase como: “¡terriblemente deprimida!”. Es verdad que uno no va por ahí, soltando a los cuatro vientos cómo se siente, especialmente si no es de felicidad el estado de ánimo; pero sí hay maneras asertivas de comunicar. Por eso es tan necesaria la educación emocional, que permita reconocer nuestros sentimientos y los de los demás y a partir de eso poder tener relaciones armónicas, sea cual sea el ámbito en el que nos desenvolvamos.

¿Cómo enseñar a los niños a manejar sus emociones?

El ser humano no viene con el conocimiento previo de lo que significan las emociones, toca, a través de la experiencia ir catalogándolas y reconociendo sus causas y consecuencias. En este transitar juegan un papel muy importante los padres y demás figuras formadoras. Tanto en el colegio como en casa, los pequeños deberían contar con una formación coherente en esta área.

Los especialistas coinciden en decir que adquirir habilidades de inteligencia emocional es una poderosa herramienta que les permite a los niños crecer y adaptarse a su entorno.

La enseñanza deberá adaptarse a la edad del niño, por ejemplo, a los dos años los pequeños ya pueden comenzar a identificar las emociones, ¿cómo? por ejemplo, mostrándoles ilustraciones o fotos de rostros que expresen dichos estados emocionales y preguntándoles cómo están, ¿tristes?, ¿alegres?..  

A los 5 años los chicos ya pueden definir sus estados de ánimo y se les puede guiar en su expresión verbal: “¡Estoy enojado porque ‘fulanito’ me quitó mi juguete”! ¡Estoy contento porque mañana iremos al parque! Es determinante que “lo digan” y se escuchen, pues esta acción los pone en el nivel consiente de su sentimiento y los ayuda a evaluar si es exagerado o válido, y además les permitirá encontrar una solución a una situación en particular.

Entonces quiero invitarte a que pongas en práctica estas sencillas recomendaciones y siempre hables con tus hijos de las emociones.

¿Tienes alguna técnica en particular? ¡Me encantaría que la compartieras con nosotros!

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